La serpiente del pozo

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Narrativo

Toj Alic es una aldea del municipio de San Martín Sacatepéquez. En la aldea construyeron un pozo de agua. Todos lo visitaban por la mañana para llevar el agua a sus casas. La usaban para tomar o lavar. Un día vieron que el pozo, se estaba secando. Ay, ¡qué harían para tener agua!, Todos se preocuparon y se unieron para averiguar qué pasaba. Finalmente, lo confirmaron, era cierto… ¡El pozo se estaba secando! ¡Ya no tendrían agua!

Todos se reunieron para buscar una solución. Un día, dejaron a Gerardo vigilando el pozo. Este joven era muy conocido por su fuerza y alegría. Gerardo debía permanecer cerca del pozo mientras los demás buscaban sus herramientas para trabajar. El joven obedeció. De pronto… vio una gran serpiente que pasaba por allí, el joven se asustó. Después, corrió y buscó un palo. Con fuerza, golpeó a la serpiente, hasta matarla. Cuando la creía muerta se acercó con cuidado. Ya no se mueve, gritó. Al oírlo, los pobladores se acercaron corriendo.

Al llegar… encontraron al joven, quien estaba orgulloso por haber matado a la serpiente. ¡Yo solito la maté la maté!, decía Gerardo. Todos lo vieron en silencio. Pasados unos minutos, en medio del grupo salió un anciano, se le acercó al joven y lo abrazó con cariño. El anciano le dijo: Gerardo, has cometido un error. Gerardo se sorprendió y le preguntó: ¿En qué me equivoqué? El anciano le contestó: Hijo mío, sé que te sientes orgulloso de lo que has hecho, pero provocaste mucho mal a la población.

Al escuchar esto, Gerardo abrió sus ojos con asombro. El anciano continuó: La serpiente era la guardiana del pozo, lo cuidaba y traía el agua. Ahora ya no dará más agua. Todos tenemos una función en la naturaleza. Por eso, debemos respetar a todos, incluyendo a los animales más pequeños.

Francisco Faustino López
San Martín Sacatepéquez, Quetzaltenango
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